Antes de empezar a desarrollar cualquier cosa, me paro a pensar. Y una vez empezada, compruebo lo que he hecho.
Eso es todo. Lo demás son cinco preguntas para obligarme a hacerlo.
Qué son y qué no son
No son una metodología. Las metodologías se abandonan a la tercera semana.
Tampoco son un papel que sacar cuando algo se tuerce, ni una forma de cubrirme. Son una forma de control hacia mí mismo y hacia el trabajo que tengo que hacer. Nada más, y no es poco.
Van por tarea, no por proyecto. Y aquí está lo que más me ha servido de todo esto: se aplican igual a la tarea grande y a cada trozo pequeño que la compone. Una puesta en marcha entera se contesta con las cinco preguntas. Dentro de esa puesta en marcha, la prueba de señales se contesta con las cinco. Y dentro de esa prueba, el circuito de seguridad se contesta con las cinco.
Un proyecto no es una cosa: son muchas cositas puestas en fila. Si cada una pasa las cinco preguntas, la grande sale. Si voy dando por hechas las pequeñas, la grande se cae por algún sitio, y normalmente por el peor.
1. ¿Qué me pidieron hacer?
Literalmente lo que me han dicho, con sus palabras, escrito antes de empezar.
Parece de perogrullo, y es la que más veces me ha frenado a tiempo. Porque uno cree que ha entendido el encargo, y muchas veces lo que tiene en la cabeza es ya una versión propia e interpretada de lo que le contaron.
Escribirlo obliga a comprobar si de verdad lo he entendido. Si al escribirlo me quedan huecos, no es que falte información en el papel: es que me falta a mí, y todavía estoy a tiempo de preguntar.
2. ¿Qué necesito o debo hacer?
Esta casi nunca coincide con la primera.
«Cámbiame el PLC y ya está» rara vez es cambiar el PLC y ya está: es revisar el mapeado, ver qué pasa con las seguridades y comprobar si hay repuesto de lo que estás quitando.
Un ejemplo pequeño. Me llaman un domingo porque un robot que manipula piezas de 250 kilos no se mueve, y lo que me piden es ir a cambiar un servo drive. Lo que necesitaba hacer era otra cosa: averiguar, antes de salir de casa, que un repuesto no vale si la referencia no es exactamente la misma. Con esa comprobación hecha, la máquina volvió a producir ese mismo día.
La diferencia entre la pregunta 1 y la 2 es la diferencia entre ir y resolver.
3. ¿Cómo lo voy a hacer?
Decidido antes de empezar, no sobre la marcha.
Esta es la pregunta de pararse. Y es la que más me cuesta respetar, porque siempre hay una parte de mí que quiere abrir el software y empezar a teclear, que da sensación de avance.
Donde más se nota que está bien contestada es en las modificaciones eléctricas. Cuando hay que rediseñar parte de un circuito existente le dedico mucho tiempo a esta fase. Mucho. Mirar cada cable, cada dispositivo nuevo, cada conexión, antes de que nadie coja un destornillador.
Nunca me han dicho nada, pero sé que es mucho tiempo. Y sé en qué se traduce: en que las cosas salen a la primera. He estado en puestas en marcha donde no funcionaba literalmente nada, y te quieres morir.
Aquí tengo que ser justo: buena parte del mérito es de los electricistas con los que trabajo, que son de primera. Hacemos buen equipo, y eso no lo pone ningún método.
4. ¿Lo he hecho?
La pregunta tonta de la lista. Está ahí precisamente por eso.
Separa lo que está hecho de lo que creo que está hecho, que no es lo mismo por mucho que lo parezca a las siete de la tarde.
Cuando una tarea se alarga, se interrumpe y se retoma tres veces —y se alargan, se interrumpen y se retoman siempre—, esta es la única que impide que algo se quede a medias sin que nadie se dé cuenta. Y el que no se da cuenta soy yo.
5. ¿Lo he comprobado o simulado?
«Está hecho» y «está comprobado» no son lo mismo.
Comprobar no siempre significa probarlo en la máquina: muchas veces significa simularlo antes de que la máquina exista o esté disponible. Lo importante es que entre terminar algo y darlo por bueno haya un paso más, y que ese paso lo dé yo antes de que lo dé la instalación por su cuenta.
En el molino de bolas empezamos la puesta en marcha con el montaje sin terminar, por plazos. Hicimos pruebas de señales una por una, cambiamos algún cable de las galgas a los Siwarex y alguna analógica, y al tercer día se movió toda la instalación. Eso fue la pregunta 3 contestada con tiempo y la 5 contestada sin saltarse nada.
Y conviene distinguir comprobar de probar. Ir probando cosas a ver si alguna funciona, sin saber por qué falla, no es comprobar. Es otra cosa, y no lleva al mismo sitio.
Por qué cinco y no veinte
Porque una lista que no cabe en la cabeza no se usa. Y estas no se usan sentado en una oficina con tiempo: se usan de pie, delante de un armario, a las once de la noche.
Cinco preguntas se contestan en voz alta mientras abres la puerta. Y cuando alguna se queda sin respuesta clara, eso ya te está diciendo por dónde va a salir el problema.
Este artículo describe experiencias propias. Se han omitido nombres y ubicaciones de clientes.
Ovi — SSERAC. Automatización industrial: programación de PLC, diseño eléctrico, redes industriales y puestas en marcha. Comunidad Valenciana y resto de España.



